Miguel Herrero de Jáuregui

Mi mujer me ha puesto una condición para volver conmigo al teatro. Que me calle durante la función y los comentarios pendantesco-filológicos, tipo "habrás notado que eso es una referencia al mito de Faetonte" los guarde para después de la representación, y le deje oír tranquila a los actores. Como en aras de la paz conyugal uno debe hacer inmensos sacrificios, el otro día fuimos a ver La estrella de Sevilla y no pude decir nada. Así que me desahogo en el blog, esta barra de bar de nuestros tiempos, con Vds., que llevaban largo tiempo (al contrario que mi mujer) sin sufrir mis filologeces.
No entro en si es o no de Lope. Me centro en una escena de la parte final de la obra, cuando Sancho Ortiz se cree ya en el infierno. Es increíble cómo se puede conseguir una escena tan lograda y densa con una imagen tan antigua. Pero así es. El descenso al mundo de los muertos, la katabasis, es tan vieja como la literatura del Antiguo Oriente, tres milenios antes de Cristo, y sin embargo sigue siendo un recurso favorito de los narradores: recuerdo ahora Desmontando a Harry de Woody Allen. Pero entre medias hay muchos jalones: recordemos aquí algunos.
La primera katabasis que conservamos es la de Ulises, que en la Odisea va al Hades dos veces para conocer su destino. Homero recoge y perfecciona así una tradición anterior, porque el viaje al mundo de los muertos no es sino el viaje heroico supremo, el más difícil. Ya el último trabajo de Hércules era nada menos que traerse al Can Cerbero, el perro de tres cabezas que guarda los infiernos. Una vuelta exitosa del Hades, o sea, una victoria sobre la muerte, sólo es para unos pocos elegidos. Otros, como Teseo y Pirítoo, que bajaban a raptar a la mujer de Hades, Perséfone, fracasaron en su empeño y se quedaron abajo para siempre. También Orfeo bajó al Hades a buscar a Eurídice, y por mirarla antes de tiempo la perdió por segunda y definitiva vez. Se discute si en una primera versión el mito tenía final feliz, pero no hay pruebas de ello. En cambio el final trágico ha sido una buena fuente de poemas, cuadros y óperas. Otro gran descenso antiguo es el de Eneas en el canto VI de la Eneida. Como siempre la bajada al mundo de los muertos trae conocimientos sobre el de los vivos: allí oye el pío troyano el futuro de Roma. Virgilio no podía ser el mejor poeta sin superar a Homero.
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